Una buena idea que no puede ejecutarse no es todavía una buena solución.
Cuestionar lo establecido puede ayudarnos a encontrar caminos nuevos. Rechazarlo automáticamente solo porque ya existe es otra forma de dejar que otros decidan cómo pensamos.
Cuestionar lo establecido puede ayudarnos a encontrar caminos nuevos. Rechazarlo automáticamente solo porque ya existe es otra forma de dejar que otros decidan cómo pensamos.
Cuestionar lo establecido puede ayudarnos a encontrar caminos nuevos. Rechazarlo automáticamente solo porque ya existe es otra forma de dejar que otros decidan cómo pensamos.
Una empresa aprende para dejar de improvisar. Construye procesos, acumula experiencia y descubre qué funciona. Pero existe un riesgo: llegar a saber tan bien cómo hacer las cosas que dejemos de probar otras.
Hay empresas que no tienen un problema de trabajo. Tienen demasiado. Cada día resuelven decenas de cosas importantes, pero apenas encuentran tiempo para preguntarse si todas esas cosas las están llevando realmente hacia algún sitio.
Una empresa puede estar llena de personas trabajando y, sin embargo, tener muy poco tiempo para pensar qué está haciendo, por qué lo hace y qué debería hacer después.
Las empresas están llenas de decisiones que un día tuvieron sentido. La pregunta incómoda es cuántas volveríamos a tomar hoy.