Una buena idea que no puede ejecutarse no es todavía una buena solución.
Una idea puede ser brillante sobre el papel y completamente inútil para una empresa. Entre imaginar una solución y conseguir que funcione existe una parte menos atractiva, pero imprescindible: hacerla posible.
Julio Nieto Pita
8 min. de lectura
Las buenas ideas no deberían valorarse únicamente por su originalidad. También necesitan responder a un problema, adaptarse a una realidad y encontrar la manera de convertirse en algo que realmente pueda hacerse.
ESTE ARTÍCULO HABLA SOBRE
CREATIVIDAD
VIABILIDAD
EJECUCIÓN
Tener una buena idea es solo el principio.
Una idea puede sorprendernos, entusiasmar al equipo y quedar espectacular en una presentación. Después llegan el presupuesto, los plazos, las personas disponibles, la tecnología, los clientes y todas esas pequeñas cosas que tienen la mala costumbre de existir en el mundo real. Entonces descubrimos que imaginar y solucionar no son exactamente lo mismo. Una idea empieza a convertirse en solución cuando es capaz de sobrevivir al contacto con la realidad sin perder aquello que la hacía interesante.
La creatividad no termina cuando encontramos la idea. Empieza otra vez cuando tenemos que conseguir que funcione.
La realidad no estropea las ideas. Las pone a prueba.
Herbert Simon definía el diseño como la transformación de situaciones existentes en otras preferidas. Esa definición introduce algo importante: una solución no vive aislada, sino dentro de unas condiciones concretas. Tiempo, dinero, recursos, conocimiento o capacidad técnica no son obstáculos externos a la creatividad; forman parte del problema que debemos resolver. Si nuestra idea solo funciona cuando eliminamos todas las limitaciones reales de la empresa, quizá todavía no hayamos terminado de pensarla.
Viabilidad
No significa convertir todas las ideas en algo pequeño, previsible o aburrido.
Significa encontrar la forma de hacer posible aquello que merece la pena construir.
A veces habrá que simplificar una idea, dividirla en fases, probar una versión pequeña o encontrar una tecnología diferente. Otras tendremos que cambiarla completamente. Incluso habrá ocasiones en las que la mejor decisión sea abandonarla. Eso no destruye la creatividad: exige más. Porque ahora ya no buscamos únicamente una idea interesante, sino una solución capaz de responder simultáneamente al problema, a las posibilidades y a las limitaciones reales de la empresa. Crear también consiste en resolver cómo hacerlo.
Ejecución
Una idea no adquiere valor empresarial únicamente porque podamos imaginarla.
Tiene que encontrar una forma de existir.
Entre <<se me ha ocurrido>> y <<lo hicimos>> está gran parte del trabajo.
No deberíamos utilizar la viabilidad como excusa para matar cualquier idea diferente antes de intentarla. Pero tampoco enamorarnos tanto de una ocurrencia que ignoremos la realidad. Una buena solución necesita ambas cosas: ambición suficiente para imaginar algo nuevo y criterio suficiente para encontrar la manera de hacerlo posible. A veces incluso las limitaciones que parecían estropear la idea terminan obligándonos a encontrar una mejor.
La idea
Imagina una posibilidad.
La realidad
Establece condiciones.
La creatividad
Busca alternativas.
La solución
Consigue que ambas puedan convivir.
¿De qué sirve tener una idea extraordinaria si necesitas un mundo que no existe para poder llevarla a cabo?
Porque una idea no debería medirse únicamente por lo interesante que resulta cuando la contamos. También por su capacidad para transformarse, adaptarse y sobrevivir hasta convertirse en algo real. La creatividad puede abrir una posibilidad; el verdadero trabajo consiste en conseguir que esa posibilidad exista.
