Hay empresas que necesitan crecer. Otras necesitan volver a ilusionarse.
Una empresa puede facturar, funcionar y cumplir objetivos y, aun así, haber dejado de imaginar lo que podría llegar a ser.
Julio Nieto Pita
8 min. de lectura
Antes de preguntarnos cuánto debería crecer una empresa, quizá deberíamos preguntarnos si todavía tiene ganas de descubrir algo nuevo.
ESTE ARTÍCULO HABLA SOBRE
EMPRESA
EVOLUCIÓN
PERSONAS
Hay empresas que no están mal. Tienen clientes, pagan las nóminas, los números funcionan, el equipo sabe lo que tiene que hacer y los proveedores responden
Desde fuera nadie diría que existe un problema. Desde dentro probablemente tampoco.
Pero puede ocurrir algo mucho más difícil de detectar: que la empresa lleve demasiado tiempo funcionando y demasiado poco tiempo imaginando.
No hay una crisis. No hay una alarma. No hay nada aparentemente roto.
Simplemente hace tiempo que nadie llega un lunes diciendo: «Se me ha ocurrido una cosa».
No todas las empresas necesitan crecer.
Quizá crecer no sea siempre avanzar. Nos hemos acostumbrado a medir la evolución empresarial con una palabra: más. Más facturación, más clientes, más empleados, más mercados, más capacidad..
Pero una empresa puede crecer mientras pierde personalidad. Puede facturar más y ganar menos. Puede contratar a veinte personas y funcionar peor que cuando tenía diez. Incluso puede alcanzar todos sus objetivos y descubrir, cuando llega allí, que aquello no era exactamente lo que quería construir.
Quizá antes de preguntarnos cuánto queremos crecer deberíamos preguntarnos hacia dónde queremos ir.
Crecer
Aumentar facturación, estructura, clientes, capacidad, mercados o tamaño.
No necesariamente significa evolucionar.
Hay algo especialmente interesante en los primeros años de una empresa. Falta dinero, conocimiento, personas, clientes y probablemente tiempo. Sin embargo, suele sobrar una cosa: posibilidades. Se prueba, se cambia, se improvisa y se aprende. Después construimos procesos, departamentos y procedimientos para conseguir algo tremendamente difícil: que todo funcione. Y entonces aparece la paradoja: aquello que construimos para funcionar puede terminar dificultando que volvamos a explorar.
Evolucionar
Descubrir qué debería ser la empresa a partir de lo que sabe, de lo que tiene y de lo que está ocurriendo a su alrededor.
A veces implica crecer. A veces no.
Explotar lo que sabemos. Explorar lo que todavía no sabemos.
En 1991, James G. March publicó en Organization Science un trabajo fundamental sobre aprendizaje organizativo. Diferenciaba entre exploitation —aprovechar, perfeccionar y hacer más eficiente aquello que ya conocemos— y exploration: experimentar, buscar y descubrir nuevas posibilidades.
Una empresa necesita ambas.
El problema es que ejecutar siempre tiene algo urgente esperando. Explorar casi nunca.
Por eso podemos pasar años perfeccionando aquello que ya sabemos hacer sin preguntarnos si podríamos estar haciendo algo diferente.
¿Y esto, para qué sirve en una empresa?
Porque quizá una empresa que ha perdido ilusión no necesite una charla motivacional.
Necesite volver a descubrir posibilidades.
Un producto que nunca desarrolló. Una capacidad que no está aprovechando. Una persona que podría aportar mucho más. Un conocimiento que nunca convirtió en negocio. Un mercado que nunca se planteó. Una idea abandonada demasiado pronto.
La ilusión empresarial no consiste en estar contentos.
Consiste en volver a sentir que todavía queda algo por construir.
Lo evidente
¿Cuánto podemos crecer?
Lo que buscamos
¿Hacia dónde merece la pena crecer?
Lo evidente
¿Qué hacemos bien?
Lo que buscamos
¿Qué podríamos hacer que todavía no estamos haciendo?
¿Y si tu empresa no necesita crecer? ¿Y si necesita volver a tener ganas de descubrir hasta dónde puede llegar?
Una empresa no evoluciona únicamente cuando aumenta de tamaño. A veces el primer movimiento consiste en recuperar algo que tuvo al principio: curiosidad por lo que todavía podría llegar a ser.

