El día a día se está comiendo tu empresa.
Hay empresas que no tienen un problema de trabajo. Tienen demasiado. Cada día resuelven decenas de cosas importantes, pero apenas encuentran tiempo para preguntarse si todas esas cosas las están llevando realmente hacia algún sitio.
Julio Nieto Pita
8 min. de lectura
Lo urgente tiene una enorme capacidad para ocuparlo todo. El peligro aparece cuando mantener la empresa funcionando hoy consume el tiempo que necesitamos para construir la empresa que queremos mañana.
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Mañana, cuando tengamos más tiempo.
Primero hay que terminar el proyecto. Después llegará el cierre del mes, la campaña, las vacaciones y ese cliente que necesita todo para ayer. Cuando pase, tendremos tiempo para revisar la estrategia, estudiar aquella oportunidad o replantearnos algo que lleva meses sin funcionar. Pero siempre aparece otra cosa. No es falta de interés ni necesariamente mala organización. El día a día tiene una ventaja sobre el futuro: ocurre hoy. Y aquello que ocurre hoy casi siempre consigue nuestra atención antes que aquello que podría ocurrir mañana.
Lo urgente mantiene la empresa funcionando. Lo importante decide hacia dónde funciona.
Estar ocupado también puede ser una forma de no avanzar.
Stephen Covey popularizó una distinción entre lo urgente y lo importante que sigue siendo útil para entender este problema. Hay tareas que exigen una respuesta inmediata y otras que, sin reclamar nuestra atención, condicionan el futuro. Pensar, aprender, prevenir, explorar o construir nuevas oportunidades rara vez producen una alarma. Precisamente por eso pueden aplazarse durante meses. El problema no es atender lo urgente. Es permitir que lo urgente decida permanentemente qué merece nuestro tiempo.
Urgencia
Tiene fecha, reclama atención y normalmente sabemos qué debemos hacer.
Por eso resulta tan fácil darle prioridad.
Una empresa puede terminar el año habiendo respondido miles de correos, celebrado cientos de reuniones, solucionado problemas y entregado cada proyecto a tiempo. Todo eso tiene valor. Pero ninguna de esas cosas responde necesariamente a preguntas como qué deberíamos dejar de hacer, qué oportunidad estamos ignorando o cómo queremos que sea la empresa dentro de tres años. Podemos pasar muchísimo tiempo trabajando para nuestra empresa y muy poco tiempo construyendo su futuro.
Dirección
No consiste en hacer más cosas.
Consiste también en reservar capacidad para decidir cuáles deberían ser las siguientes.
El futuro de una empresa también necesita un hueco en la agenda.
El día a día nunca va a desaparecer. Si esperamos a que todo esté tranquilo para pensar, experimentar o revisar hacia dónde vamos, probablemente esperaremos demasiado. Quizá la solución no sea encontrar tiempo, sino decidir que determinadas cosas merecen tenerlo. Porque una empresa necesita atender el presente, pero también proteger una pequeña parte de sí misma de todas esas urgencias que intentarán impedirle construir lo siguiente.
Lo que ocurre
El presente reclama nuestra atención.
Lo que aplazamos
Pensar, explorar y cuestionar.
El riesgo
Confundir actividad con evolución.
La que necesitamos
Reservar tiempo para construir lo siguiente.
¿Cuánto tiempo dedicas a mantener la empresa que tienes y cuánto a construir la que quieres?
Porque el verdadero peligro del día a día no es trabajar demasiado. Es levantar la cabeza dentro de tres años y descubrir que hemos estado tan ocupados haciendo funcionar la empresa que nunca encontramos tiempo para decidir en qué queríamos convertirla.
